domingo, 16 de noviembre de 2008

Los malos días

Hoy el aire pesa. El sonido de los relojes me aturde, las moscas no me dejan dormir. Hoy me cuesta respirar, mis dedos están rígidos, casi inanimados. Distinto es todo del ayer, en donde todo parecía fácil comparado con el hoy. Los pretéritos son añorados por este presente desganado, gris y áspero. El sol quema, y duele. Mis ojos están perdiendo la capacidad de distinguir, ya todos los elementos forman parte de un objeto híbrido y moribundo. Hoy mis piernas no me obedecen, ya no son mis súbditas. Todas mis pertenencias innatas han organizado un gran golpe. Maldito grupo maleducado e insolente, ingratos sean ustedes. Maldigo su amnesia y maldigo su accionar. Hoy la costumbre se me ha tornado aburrida. Hoy la soledad se ha declarado insostenible. Sin avisos, sin argumentos sólidos. Basta de levantamientos, tengan piedad de mí.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Consejos para una vida feliz

No calles, no hagas espacios, no dejes renglones sin escribir. No escribas puntos suspensivos, no imagines objetos terminados, constrúyelos poco a poco mediante piezas deformes y asimétricas. Compórtate como los demás esperan, así supondrán que creen prever tus actos. No realices movimientos bruscos ni repetitivos. Innova. Levanta los brazos, abre las manos, separa los dedos. Despacio, despacio. Cierra los ojos y observa todo ese esplendor de luces con colores no conocidos que se oculta sólo entre tus pupilas y tus párpados. Viaja con ellos, usa esos colores, son tuyos, mágicos, únicos. Pinta con ellos, expándelos y ve como cubren las secas paredes de tus encierros. Viola cerraduras. Es cierto, ellas se resisten. Intenta, algún día desistirán. Las puertas son pasajes, no dejes ninguna sin abrir, no permitas que ninguna venza tu impulso de descubrir. Quita las malas hierbas, pero deja algunas para no aburrirte cuando hayas terminado. Quiebra las espinas, pero deja algunas sólo por precaución, uno nunca sabe. Si uno nunca sabe, el otro tampoco sabrá sino que dudará si tu sabes o no. Es una cadena simple. Tal vez tome tiempo entender lo anterior, pronto lo entenderás. No te frustres si no estás seguro de conocer todas las causas de tus lágrimas. Quítales fuerza a tus frustraciones, repítelas en voz alta y verás cómo adelgazan. Miserables, enflaquecen en tu boca. Mira fijo al sol aunque ardan tus ojos. Mira fijo un rato, puede que mañana no puedas hacerlo. Corre, salta. Nunca descuides las puertas abiertas porque las cerraduras pueden evocar metamorfosis. Quema la mala hierba pero controla el fuego. El fuego es alguien muy traicionero, sólo espera que apartes tus ojos de él para expandirse y abrazarte por la espalda, quema. Y es tan terco que si uno lo observa fijamente opta por morir, renunciando a sus deseos básicos de expansión y muerte. Mira fijo al fuego, morirá si así lo quieres. No temas a las invisibilidades, dependen sólo de tu convencimiento, no lo entregues; sin el se mueren y no presentarán jamás algún tipo de rastro. Limpia debajo de tu cama todos los días porque ahí es donde se ocultan los restos miserables de tus sueños. Viven esperando por la noche para poder ingresar en tu almohada y tomar el mando de las cuerdas, no lo permitas. Jamás limpies tu techo, todo lo que de ti se ha elevado está ahí, no te despojes de eso. Grita si tienes ganas. No temas a los ojos ajenos, son como los tuyos. No tengas miedo del miedo, los espirales jamás terminan, las soluciones allí no aparecen. No cuentes ovejas si no puedes dormir, son demasiado ruidosas y tontas. Cuenta gaviotas perdiéndose en el horizonte y ve a volar con ellas, es más efectivo si dormir es lo que quieres. No pienses demasiado. Te lo repito, los espirales no ayudan, sólo marean y eso no es bueno. Para que haya sombras primero debe haber luz, búscala y las sombras se irán rendidas.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Nostalgia

Sólo sucedió. ¿Causas? Inespecíficas, relativas. Recibí una monstruosa inyección de nostalgia. La misma se reprodujo en mi sangre en un efecto cadena que no pude parar. La nostalgia ha llegado a todos mis centros, se ha apoderado de mis ojos. Incluso mis oídos están siendo engañados y reciben una triste melodía. No puedo convencerme de que esa melodía no existe, en cada intento sólo logro un aumento de su intensidad. Todo está volviéndose incontrolable. Maldigo esa inyección. Nostalgia inoportuna que me haces mirar atrás y anhelas que los relojes inviertan su curso. Nostalgia onírica que me sitúas en un pastizal de trigo seco que lastima mi piel. Nostalgia redundante que me obligas a volver sobre mis pisadas, a volver a acomodar mis pies sobre huellas que estaban a punto de esfumarse entre vientos, remolinos y olvidos. Nostalgia asesina que me espesas la sangre y aumentas mi esfuerzo para caminar, que me paralizas y me convences de cerrar los ojos. Nostalgia salvadora de memorias perdidas y prohibidas que buscas y sacas a la luz archivos clasificados y cubiertos de telarañas. Nostalgia repentina que, sin avisar y a mis espaldas, elevas una muralla impenetrable que con su sombra nubla mi vista, dilata mis pupilas y me hace tropezar con malas hierbas que en algún tiempo aprendí a esquivar. No quiero tus alambrados, nostalgia, no quiero tus lazos. No quiero llevar a cabo un vínculo contigo. Enfermas mis centros y cierras las puertas de mi mente. Compactas mi alma y echas sal a mis heridas casi cerradas. No quiero tus efectos. Déjame ver tus causas, así podré inmunizarme ante tus tentáculos. Deseo que me dejes en paz.