domingo, 16 de noviembre de 2008

Los malos días

Hoy el aire pesa. El sonido de los relojes me aturde, las moscas no me dejan dormir. Hoy me cuesta respirar, mis dedos están rígidos, casi inanimados. Distinto es todo del ayer, en donde todo parecía fácil comparado con el hoy. Los pretéritos son añorados por este presente desganado, gris y áspero. El sol quema, y duele. Mis ojos están perdiendo la capacidad de distinguir, ya todos los elementos forman parte de un objeto híbrido y moribundo. Hoy mis piernas no me obedecen, ya no son mis súbditas. Todas mis pertenencias innatas han organizado un gran golpe. Maldito grupo maleducado e insolente, ingratos sean ustedes. Maldigo su amnesia y maldigo su accionar. Hoy la costumbre se me ha tornado aburrida. Hoy la soledad se ha declarado insostenible. Sin avisos, sin argumentos sólidos. Basta de levantamientos, tengan piedad de mí.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Consejos para una vida feliz

No calles, no hagas espacios, no dejes renglones sin escribir. No escribas puntos suspensivos, no imagines objetos terminados, constrúyelos poco a poco mediante piezas deformes y asimétricas. Compórtate como los demás esperan, así supondrán que creen prever tus actos. No realices movimientos bruscos ni repetitivos. Innova. Levanta los brazos, abre las manos, separa los dedos. Despacio, despacio. Cierra los ojos y observa todo ese esplendor de luces con colores no conocidos que se oculta sólo entre tus pupilas y tus párpados. Viaja con ellos, usa esos colores, son tuyos, mágicos, únicos. Pinta con ellos, expándelos y ve como cubren las secas paredes de tus encierros. Viola cerraduras. Es cierto, ellas se resisten. Intenta, algún día desistirán. Las puertas son pasajes, no dejes ninguna sin abrir, no permitas que ninguna venza tu impulso de descubrir. Quita las malas hierbas, pero deja algunas para no aburrirte cuando hayas terminado. Quiebra las espinas, pero deja algunas sólo por precaución, uno nunca sabe. Si uno nunca sabe, el otro tampoco sabrá sino que dudará si tu sabes o no. Es una cadena simple. Tal vez tome tiempo entender lo anterior, pronto lo entenderás. No te frustres si no estás seguro de conocer todas las causas de tus lágrimas. Quítales fuerza a tus frustraciones, repítelas en voz alta y verás cómo adelgazan. Miserables, enflaquecen en tu boca. Mira fijo al sol aunque ardan tus ojos. Mira fijo un rato, puede que mañana no puedas hacerlo. Corre, salta. Nunca descuides las puertas abiertas porque las cerraduras pueden evocar metamorfosis. Quema la mala hierba pero controla el fuego. El fuego es alguien muy traicionero, sólo espera que apartes tus ojos de él para expandirse y abrazarte por la espalda, quema. Y es tan terco que si uno lo observa fijamente opta por morir, renunciando a sus deseos básicos de expansión y muerte. Mira fijo al fuego, morirá si así lo quieres. No temas a las invisibilidades, dependen sólo de tu convencimiento, no lo entregues; sin el se mueren y no presentarán jamás algún tipo de rastro. Limpia debajo de tu cama todos los días porque ahí es donde se ocultan los restos miserables de tus sueños. Viven esperando por la noche para poder ingresar en tu almohada y tomar el mando de las cuerdas, no lo permitas. Jamás limpies tu techo, todo lo que de ti se ha elevado está ahí, no te despojes de eso. Grita si tienes ganas. No temas a los ojos ajenos, son como los tuyos. No tengas miedo del miedo, los espirales jamás terminan, las soluciones allí no aparecen. No cuentes ovejas si no puedes dormir, son demasiado ruidosas y tontas. Cuenta gaviotas perdiéndose en el horizonte y ve a volar con ellas, es más efectivo si dormir es lo que quieres. No pienses demasiado. Te lo repito, los espirales no ayudan, sólo marean y eso no es bueno. Para que haya sombras primero debe haber luz, búscala y las sombras se irán rendidas.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Nostalgia

Sólo sucedió. ¿Causas? Inespecíficas, relativas. Recibí una monstruosa inyección de nostalgia. La misma se reprodujo en mi sangre en un efecto cadena que no pude parar. La nostalgia ha llegado a todos mis centros, se ha apoderado de mis ojos. Incluso mis oídos están siendo engañados y reciben una triste melodía. No puedo convencerme de que esa melodía no existe, en cada intento sólo logro un aumento de su intensidad. Todo está volviéndose incontrolable. Maldigo esa inyección. Nostalgia inoportuna que me haces mirar atrás y anhelas que los relojes inviertan su curso. Nostalgia onírica que me sitúas en un pastizal de trigo seco que lastima mi piel. Nostalgia redundante que me obligas a volver sobre mis pisadas, a volver a acomodar mis pies sobre huellas que estaban a punto de esfumarse entre vientos, remolinos y olvidos. Nostalgia asesina que me espesas la sangre y aumentas mi esfuerzo para caminar, que me paralizas y me convences de cerrar los ojos. Nostalgia salvadora de memorias perdidas y prohibidas que buscas y sacas a la luz archivos clasificados y cubiertos de telarañas. Nostalgia repentina que, sin avisar y a mis espaldas, elevas una muralla impenetrable que con su sombra nubla mi vista, dilata mis pupilas y me hace tropezar con malas hierbas que en algún tiempo aprendí a esquivar. No quiero tus alambrados, nostalgia, no quiero tus lazos. No quiero llevar a cabo un vínculo contigo. Enfermas mis centros y cierras las puertas de mi mente. Compactas mi alma y echas sal a mis heridas casi cerradas. No quiero tus efectos. Déjame ver tus causas, así podré inmunizarme ante tus tentáculos. Deseo que me dejes en paz.

miércoles, 16 de julio de 2008

Un hueco en la almohada (Sueño de un matemático)


Los paréntesis de la hoja pretenden encerrarlo, los cálculos no responden a los pronósticos. Los cuadrados de la hoja se endurecen formando muros y fortalezas impenetrables. Se alzan, se elevan en bloques infinitos y se cubren de musgo resbaladizo. Los números se oxidan, y las letras griegas se despegan del plano y caen en un estruendo espectacular que hace temblar el escenario de las cuentas. ¿Las soluciones? Acaban de armar las valijas, dijeron que estaban cansadas de esconderse y que nadie las encuentre. Los exponentes se acalambran, no pueden estar tanto tiempo flotando en el aire. Los cosenos y los senos discuten entre ellos, debaten quién es el mejor amigo de Pi. Pi se calla, está mareada de dar tantas vueltas alrededor de una recta y le han sobrevenido nauseas. Las parábolas se están chocando entre ellas, no saben en qué valores deben quedarse, pues el eje Y comenzó a tambalearse cuando un logaritmo natural chocó al eje X mientras corría a una “e” con el fin de devorarla. Las incontables equis se agrupan, se unen y se atan formando un alambrado que rodea el perímetro para luego unirse a los muros cubiertos de musgo. Los signos de suma se han rebelado, pues están jugando a girar sobre su eje convirtiéndose en signos de multiplicación. Todo conlleva a la mudanza de las soluciones, las que venden sus almas a un buscador con menos problemas. Los corchetes están improvisando un juego de golf con los números, que vuelan de un lado a otro y chocan con los alambrados de las equis, quedando rengos y confundiendo así sus valores que antes parecían tan absolutos. Los ceros son neutrales, no pueden decidir por sí mismos; se convierten en subordinados de los números más altos y obedecen con la frente baja. Cabizbajos se arrastran y se ubican junto a los signos de multiplicación, anulando por completo las operaciones. ¡Hay tantos símbolos que no dicen nada! ¡Cuánta confusión abstracta! ¿Será que el buscador de soluciones designado para esta hoja ha resultado incompetente? ¿Será que los caprichosos elementos han ganado la batalla y han burlado los ojos analíticos del buscador? ¿Cómo puede permitirse tal osadía? ¡Se deben reclamar las soluciones!
Despertó. El surrealismo numérico acabó. Se liberó de los pijamas, de las sábanas que lo cubrían y se sentó en la cama. Su pecho palpitaba, hizo un intento por tomarse la frecuencia de su corazón, pero detuvo a tiempo su intento. No más números, al menos por ahora. No más conteos, ni cálculos, ni fórmulas, ni teoremas, ni medidas. Levantó la blanca almohada y arrojó con toda su fuerza a la calculadora científica que solía guardar bajo su cabeza.

viernes, 4 de julio de 2008

Final de la expansión

Las fronteras de turno han sido tocadas, aunque ellas se encontraban más allá de lo que creí en un principio. Los polos ya no existen, y nada dirige ni manipula todo esto. Los números complicados ya no son necesarios, no hay nada para medir. Ni siquiera importa el tiempo ¿Qué importancia tiene el presente, el pasado y el futuro cuando a estos ya se les otorgó la libertad de fusionarse y separarse? ¿No sería aun más insignificante la importancia cuando estos tres mosqueteros del reloj disfrutan de juguetear con las telarañas del tiempo? Ellos tres corretean por ahí, y los observo despreocupadamente. Lo más difícil ya ha quedado atrás, cubierto de hielo y piedras. Los pulpos han muerto, los monstruos se han extinguido y las edades han cambiado. No importa cuanto tiempo dure, no pienso contar los minutos.
Los límites de todo este todo han podido encapsular a las ocurrentes y breves ficciones disparadas que pueden llegar a dominar el espacio, aunque es posible que suceda sólo momentáneamente; no lo se, ya no me interesa contar momentos.

Ante mí

Ante mí, hoy quiero expresar mi intención de iniciar una intervención legal hacia ustedes. Escuchen, quiero iniciar un juicio de desalojo hacia todos ustedes que tanto daño me hacen, adiciono a la acusación las consecuentes frustraciones. Ustedes me hacen sentir falsamente lleno, los acuso de tener inestabilidad existencial, los acuso por ser autores de todos mis sufrimientos. Espero que se hagan cargo de todo el daño que me hacen, que sean lo suficientemente valientes como para aceptar mi deseo de echarlos de mí. Acabo de enviar una carta documento al centro onírico de mi mente, así que ya se estarán enterando de mis intenciones para con ustedes. Ustedes, mis sueños, deberán liberar mi cabeza y dejar todo en el estado en que se encontraba. Mas les vale cumplan con esta orden, pues no quiero perseguirlos y encarcelarlos en una celda fría, sólo quiero que me dejen en paz para siempre. Los expulso de mí, sus caprichos y juegos malévolos y malintencionados me han dejado heridas que ya no puedo curar.

Encadenadas

¿De dónde aprendiste todas esas chucherías que decís en cada momento hostil? ¿Quién fue el condenado que insertó el pegajoso chip de la estructuración en tu cabeza? ¿Cómo podés archivar tantos adornos inútiles en tan poco espacio? ¿Qué viste en la oscuridad de aquella noche? ¿Qué te reveló la luna? ¿Cuándo fue que los conceptos comunes se entremezclaron en tu mente? ¿Por qué repetís todo en voz alta? ¿Quién te calló el alma cuando eras chico? ¿De qué se componía aquello que hoy delimita todas tus reacciones? ¿Quién te cerró los ojos frente al infinito repertorio de la acción?

domingo, 20 de abril de 2008

Autodestrucción

Voy a apretar el botón rojo, es mi última salida para abandonar este mundo con un extenso estruendo que se sienta en el pecho de todos los aquí presentes y pseudos presentes. El botón rojo me llama la atención, pues nunca lo he pulsado antes. Se ve muy brillante, nuevo, sin uso y a estrenar. Luego nadie podrá hallar algo de mí, mis trozos se dispersarán por todo el universo conocido. Supongo que podré experimentar la libertad absoluta, pues si ese cuento del alma dentro de un cuerpo es real, viajaré por todos aquellos lugares que siempre quise conocer, y me mantendré muy lejos de cada una de las cosas que me han afectado en vida. Seré dueño y no subordinado. Espero que todo lo que pienso se cumpla, ojala todo sea real. Tengo muchas ganas de dormir una sienta en las nubes y quiero conocer el sol más de cerca.
Hasta luego.

Engaño

Tiene patas cortas, siempre es imperfecto. No existe uno perfecto e implacable, siempre una incubación micótica lo empieza a pudrir lentamente hasta poseer todo el entero y asesinarlo en el último acto teatral. Inservibes, obsoletos, pura chatarra. Todo termina en culpa y en la autotortura que revienta las venas principales a fin de crear un impresionista cuadro rojizo sobre el suelo de una habitación blanca. El escondite preferido es el estómago, donde tira de las cuerdas más sensibles provocando un nudo infernal que dobla al sujeto por la mitad. No le permite caminar ni fijar los ojos en otro par, consume lo moral hasta el último vestigio. También puede convertirse en un tramposo fantasma que ronde pendencieramente en la cabeza del individuo, pisando neuronas y provocando congestionamientos y nudos de dendritas. Entonces, las señales necesarias no llegarán al cerebro, todo se desmoronará. El caos comenzará, pues, a reinar en todo el territorio sensitivo. La parálisis nacerá, los temblores involuntarios dominarán sobre los movimientos planificados. ¿Será necesario llegar a estos puntos?

viernes, 18 de abril de 2008

Gracias

Quiero agradecer, si es posible, anónimamente (como la gente misma que por aquí pasa) a cada alma que se detiene en este lugar, ya sea para echar un vistazo, leer o criticar. Gracias a los que vienen a echar un vistazo, muchas gracias a los que leen, y muchísimas gracias a los que critican. Háganme saber sus acuerdos o desacuerdos, se los agradeceré aún más. Hablo en plural; pienso que el destinatario estará compuesto, a lo sumo, de dos personas. Hasta el momento se han registrado algo más de setecientas visitas.
¡Setecientas y pico de gracias!

viernes, 11 de abril de 2008

La Luna

Sistemáticamente cambia su cara. En algún tiempo decidió rutinizar sus apariciones, para que los humanos se sientan satisfechos consigo mismos y con sus saberes y sus matemáticas de predicción. Cuando la timidez le llena de dudas sus mares, ella aclama por sus másicas y húmedas amigas de toda la vida, las que aceptan su pedido de ayuda y la cubren completamente. De vez en cuando, alguna amiga oscura de tormenta le cumple el favor de opacarla completamente. Ella no recuerda cuando nació, aunque por ahí digan que se separó de la Tierra dejando un gran agujero en el océano. “Es posible”, piensa; pues su responsabilidad sobre las mareas siempre le resultó sencilla y automática, siempre efectuó las acciones requeridas de manera precisa, como si estuviesen incorporadas en ella innatamente. A veces se sonroja cuando recuerda aquella vez en que a alguien se le ocurrió llamar “mares” a sus agujeros de vejez.
Jamás se preocupó en el pago de una factura de luz, pues siempre la recibió prestada en compensación por trabajar en horario nocturno, donde el frío siempre se torna más despiadado. Se ríe de lo que la gente le ha atribuido a lo largo del tiempo. Algunos hasta la han adorado y temido en los eclipses. “Me oculto con fines lúdicos y me temen”, pensaba en aquellos tiempos.
Según ella, no hace falta que le adoren ni que le teman, con el simple hecho de que un día a la semana sea suyo... se conforma.

Remolino

Me encantaría ver un remolino de arena en este momento, y ojala que se aproxime a una velocidad supersónica así no tengo tiempo de arrepentirme y escapar. El remolino entonces se acerca a mí, me dejo envolver entre los vientos, la tierra y las piedras filosas arrastradas. Al principio sentiría dolor, pero en el ojo todo podrá volverse calmo. Veré el cielo desde el centro de un tornado y viajaré junto con él. El viento se llevará todos mis costados oscuros, me limpiará. Las piedras reventarán las heridas preformadas que tanto me aquejaban desde hacía tiempo. Expulsarán la sangre contaminada y reviviré, renaceré. Luego me tiraré a dormir en el desierto, imaginaré un oasis y éste se hará realidad. Beberé agua dulce y comeré los frutos que los árboles me brinden. No es tan difícil imaginarse todo esto, sólo hay que intentarlo, convencerse de que sucederá. Y sucederá. Casi puedo ver allá a lo lejos que está empezando a levantarse una pequeña brisa que revuelve la tierra…

martes, 18 de marzo de 2008

Hablemos

Hablemos y hagamos retumbar las palabras en nuestras vísceras. Que den las vueltas necesarias en el encéfalo, y si tienen tiempo que den también las vueltas consideradas periféricas o secundarias para ampliar y perfeccionar el mensaje que saldrá escupido por la boca acompañado de minúsculas gotas de saliva caliente. Desnudemos las almas y alisemos esos lugarcitos montañosos que resultaron intransitables para la razón en reiteradas ocasiones pasadas. Iluminemos un poco los rincones cóncavos donde las telarañas parecen armaduras impenetrables. Usemos fuego para quemar las dudas y agua para que crezcan las plantas de una nueva vida. Tengamos cuidado de que no se conviertan en enredaderas que se estrangulen a sí mismas, pues si eso sucede, todo lo anterior será declarado en vano. Instalemos una planta potabilizadora de desechos cloacales en cada mente, así podremos esclarecer esas aguas turbias llenas de monstruos desconocidos con tentáculos que sabotean conexiones básicas haciéndonos proceder tan atontadamente. Liberemos espacio, no hacen falta tantos adornos y chucherías, entorpecen los ojos y limitan la visión totalitaria y detallista. Gritemos juntos, no compitamos en el alcance de la voz individual, pues esto no se trata de ningún concurso, sino de una búsqueda. Busquemos, revolvamos libros viejos cubiertos de polvo, miremos fotografías en blanco y negro, caminemos al pasado. A veces para entender el presente es preciso tener buena memoria e integrar lo pretérito con lo presente, para así poder imaginar rudimentariamente un futuro cercano. Mañana sale el sol, eso lo sabemos, no podemos impedirlo. ¿Mañana sale el sol?

miércoles, 12 de marzo de 2008

Bernardo

A Bernardo le cuesta abrir los ojos a la mañana, a pesar de que los autos matutinos entran en sus sueños mezclándose entre ellos y sacándolo, poco a poco, de su mundo de realidades opuestas. El humo que ingresa por la ventana le contamina el aire.
Bernardo perdió la cuenta de sus años, no le interesa recordad ninguna fecha específica, ni tampoco tiene a nadie que se las recuerde. A no ser aquella mujer bautizada bajo el nombre de Clara, que salió en una mañana de invierno con la misión de ir a la panadería. Jamás volvió, y de ella sólo queda un vago recuerdo nostálgico que revive en forma de lágrima cada vez que una mañana se asemeja a aquella que Bernardo prefiere no recordar, ni nombrar, pues el efecto ya es sabido y el masoquismo ya le es cotidiano. Bernardo vive cerca de San Telmo, en un lugar donde ni el más sencillo podría sentirse cómodo. El mismo decoró su refugio con todas esas cosas que los demás desechan. Durante mucho tiempo las estrellas fueron sus velas, por lo que jamás maldijo a nadie durante los imprevistos apagones de la ciudad. “Setenta y algo”, dice cuando algún humano se siente atencionalmente estimulado por su edad en alguna de las tardes que Bernardo toma mate amargo en la puerta de su vivienda. Bernardo siempre lleva una boina, no se la quita ni en el más infernal día. Puede que unos cordones de pelo blanquecido se asomen, pero sólo en raras ocasiones sucede. Bernardo canta tango a toda hora, y cuando su voz se ve debilitada por el reloj biológico y las condiciones climáticas, se reduce a silbar las melodías de algún tanguito que le recuerde a Clara. El frío lo pone triste, es algo que jamás pudo neutralizar. En la porción de techo que abriga su cama tiene pegadas las fotos de Clara, y en la pared sus cartas, para que cuando decida dormir de costado no le falte un poco de lectura nostálgica. Es disparado, siempre que duerme de costado sueña con ella. No sucede lo mismo si duerme mirando al techo, la visión se le ha ido deteriorando y sólo alcanza ver rostros desdibujados. En la ventana de su casa tiene un adhesivo de la empresa donde supo trabajar algún tiempo. El sol no existía en aquellas épocas. Bernardo siempre critica duramente al país, sobre todo a su gente, siempre tan callada frente a los robos públicos. “Nunca supimos conseguir laureles”, le repite a algún viejito curioso necesitado de conversación.
Clara jamás abandonó su mente, siempre la inestable lucecita de esperanza se dio el gusto de dar vueltas manzana sobre su cabeza. El sueño de que un día Clara vuelva es diario. Una explicación sería necesaria, y se pregunta en voz baja: “¿Por qué habrá estado tan rara durante esos días anteriores?”. Por momentos las causas se fusionan y en ocasiones interesa más la verdad que la vuelta al pasado. “Que Clara diga que está bien y que se vuelva a marchar, me bastaría con eso”. Los intereses se vuelven múltiples, y los sueños de la vuelta se ramifican en infinitas posibles situaciones y soluciones a la pena de Bernardo. “Y si tiene tiempo, que me cante ‘Malena’ a capella”, dice.

lunes, 3 de marzo de 2008

Más de lo mismo

¿Dónde escondieron mi brújula? No la veo, hay neblina, me confunde, me enceguece, me marea, me desconcierta. ¿Dónde están las estrellas? No puedo guiarme desde ningún punto, nada existe. ¿Dónde estoy? No lo se, me desespero, no puedo caminar, me quedo inmóvil. Las nubes bajan, humedecen mi vida, hay charcos que me mojan los pies y me resfrían. Estornudo, me siento mal. Me hundo, no quiero pedir ayuda, el orgullo puede costarme el precio más caro. ¿A quién recurro?
¿Alguien conoce a un médico del alma? Necesito un turno urgente, denme su teléfono o díganme donde lo puedo encontrar. Me estoy desangrando y no me doy cuenta de ello hasta que miro atrás y veo todo una especie de ruta roja que se confunde entre la niebla y se desdibuja con mis huellas. Tengo frío, no me ayuden si no se los pido. Limítense a quedarse en su lugar hasta que yo decida lo contrario. No se acerquen, no gasten su tiempo, no hay caso, estoy falleciendo y no encuentro razón para comenzar a impedirlo. No quiero que ningún científico retrase mi final. ¿Cuánto faltará para el amanecer?
Estoy rebotando entre ideas opuestas, los polos juegan ping pong. Me duele la cabeza, me arde la piel. ¿Siguen sin saber dónde es que escondieron mi brújula?
¿Cómo pude perderla? ¡Cuántos errores!
No sigan hablándome. ¿No ven que no puedo escucharme ni a mí mismo? Debo hallar dónde es que se encuentra esa puta voz interior que todos aseguran tener. Tal vez la mía es muda y sólo sabe golpear. No lo se, no la veo, tampoco la siento. ¿Dónde está, acá?
Puede que la niebla me haya quitado tiempo en la carrera, y puede que todos ya hayan llegado. Y yo todavía acá. ¿Podrá ser posible que, por un momento, las penas renuncien a multiplicarse tan rápidamente? No las puedo contar, ni mucho menos enfrentarlas. Dejen de multiplicarse, simplifíquense y agrúpense en conjuntos delimitados, así sabré en qué lado debo empezar. Junten las fuerzas que quieran. No me persigan, déjenme que las encuentre, y ahí realizaremos la batalla. Pero no jueguen sucio, no ataquen por los costados que lastima y duele. Ataquen de frente.

domingo, 2 de marzo de 2008

Chau fantasma

Ya todo está dicho, entonces. ¿Verdad?
Eso te pregunté mientras te hacías el dormido, y no respondiste. Y se que estabas despierto, y se que me oíste. Y se muy bien lo que tus ojos quieren ver y lo que tus oídos quieren escuchar. Se muy bien, carajo, que no me asemejo en nada a lo que ellos esperan, que las ilusiones se fueron volando por sus respectivas ventanas. Lo veo en tus ojos, no me mires más así. Dejame en paz, hay mucha gente por ahí. Quiero que te duermas, y no te muevas ni ronques. Dormí de costado, así no te veo la cara. Andá a hacer pis, no quiero que te levantes en la mitad de la noche, y te prohíbo férreamente tomar agua antes de ir a la cama. Cerrá los ojos y quedate quieto. Antes de que amanezca quiero que me abandones, que guardes todos tus trucos baratos y que me dejes aquí olvidado. Olvidate, me hacés mal. No soporto estar con vos, somos perfectamente incompatibles. Matar o morir, y por ahora no me quiero morir, aunque tus ganas de convencerme de ello nunca cesaron. Intentaste varias veces hacerme llegar al fin. Ya no se si te odio. ¿Masoquismo? Me lo dijeron tantas veces. Andate y cerrá la puerta, dejame ver el sol de mañana, no te lo robes.

martes, 12 de febrero de 2008

El árbol

Hay muchos, fijá tu vista en uno. Elección al azar, tené azarismo. Observá detenidamente como cambia su aspecto cada 3 meses. El Sol y el clima le dictan qué guardar o qué sacar a la luz. Hojas verdes luego doradas. Frutos, flores, y pájaros que arman nidos en sus brazos sin la preocupación de pagar alquiler o expensas. Forma parte de un escenario verde. Entre tanto humo y fierros doblados se hace necesario un espacio de color real. Entre tanto gris y ruido, encontrás al árbol. Usado metafóricamente en la genética por sus conexiones tan sabias, sin necesidad de ninguna ciencia creada que regule su existencia. Sólo un verde portador de sombra hogareña.

viernes, 11 de enero de 2008

Música (desde el ojo del Recuerdo)

Invasión al oído y una parálisis voluntaria y agradable. Está sonando y tiene poder, y él se rinde ante semejante belleza. Gigante, pasaje de ida y vuelta hacia un recuerdo perdido y de a poco se empieza a sentir la certeza de que el olvido fue una ficción inventada por él mismo. Disparos en la mente, y viajes simultáneos a sus profundidades que creía inexistentes o vacías de contenido, las mariposas en la panza, la parálisis no es parcial. La lágrima desciende y muere en los labios, y el recuerdo deja de ser una simple abstracción amorfa. Se afirma y toma vuelo, y desde lo alto suelta bombas que retumban en las meninges del paralizado oyente. La sangre acelera el tránsito y obliga al corazón a intensificar su monótona labor. Los olvidos se suicidan al ver su imperio caer, se llevan una pistola a la boca y consuman el desesperado acto salpicando el escenario con pedazos metafísicos, que serán trofeos para los recuerdos que se tornan invencibles. Las épocas, los amores, las amistades, los lugares. Los que se fueron, los que están lejos, los que fueron desenmascarados y los que siguen por ahí formando parte de su vida. Todo se vuelve múltiple y el envión del vistazo hacia atrás tendrá un largo tiempo de gloria.

El arte del harto

Estoy harto de la gravedad que me mantiene pegado al suelo.
Estoy harto de que todo lo que sube tenga que bajar.
Estoy harto de que los caramelos sean dulces.
Estoy harto de que las nubes tapen el Sol.
Estoy harto de que la gente se vaya y no vuelva.
Estoy harto de que el viento y la luz sean invisibles.
Estoy harto de que la sangre sea roja.
Estoy harto de que lo bueno no sea eterno y pase rápido.
Estoy harto de las sumas y restas.
Estoy harto de las igualdades y desigualdades.
Estoy harto de los enfrentamientos.
Estoy harto de los aromas habituales.
Estoy harto de las penas que no piden permiso al entrar.
Estoy harto de que las lágrimas sean saladas.
Estoy harto de que las agujas del reloj giren hacia la derecha.
Estoy harto de que la muerte se lleve a las personas incorrectas.
Estoy harto de los ejemplos.
Estoy harto de las armas que todavía suenan.
Estoy harto de los que todavía no sueñan.
Estoy harto de los grises que confunden y engañan.
Estoy harto de las confusiones y los engaños.
Estoy harto de la linealidad del pensamiento.
Estoy harto de los mandamientos.
Estoy harto del dedo índice que señala.
Estoy harto de las bocas que hablan por inercia.
Estoy harto de las atribuciones a una causa dada.
Estoy harto de que me obliguen a descifrar incógnitas ajenas.
Estoy harto de gritar y que no me escuchen.
Estoy harto de los versos y rimas que no entiendo.
Estoy harto de que obliguen al Sol a cumplir horarios.
Estoy harto de las heridas que desparraman pus.
Estoy harto de los fuegos y las gangrenas.
Estoy harto de los pies lastimados.
Estoy harto de los fantasmas y las sombras cobardes.
Estoy harto de de que el cielo tenga siempre la misma paleta de colores.