martes, 17 de julio de 2007

La Ventana (El Cuadro)

Sondeando de a poco la habitación con forma de dado hueco, se la/o puede hallar observando su mundo y dándole la espalda al comedor y al tic-tac. Ventana, cuadro, pintura, portal, adorno. Marco rectangular de madera barata, y pinceladas coloridas desde el centro hacia los extremos. Una modesta firma desprolija en el ángulo inferior derecho. Sinceramente, las ventanas de mi agrado son las que ofrecen interpretación. Contrariamente, el objeto de este texto pertenece a esas ventanas ya consumadas e inmóviles, quietas, estáticas. No entrega completamente el amplio espacio de la interpretación, pero como nunca nada es absoluto y definitivo, se puede hallar un pequeño lugar delimitado donde la imaginación puede tomar algo de vuelo, comparado al de un pájaro enjaulado. Que nadie tenga la osadía de esconderlo, ni de quitarlo de su lugar consagrado sobre la pared. Siempre se mantiene en silencio frente a la lluvia de críticas, sin permitir que se humedezca su propia belleza. Nunca se deja opacar por la mirada de desprecio, el levantamiento irónico de cejas o el deslizamiento lento de los dientes delanteros sobre el labio inferior. Despliega indiferencia que enfurece y anula la satisfacción de provocar enojo al receptor. Tres flores: dos arriba y una abajo; tres hojas: una arriba y dos abajo. Simpleza complicada y viceversa. Una mujer que, a juzgar por el estilo de sombrero que lleva, parece tener origen oriental. Sentada con las piernas cruzadas sobre un pedregal. La mujer lleva sólo un ropaje largo y el sombrero anula algo del Sol, permitiendo la vista hacia las tres flores. Allá hace calor y es de día, mientras que acá la noche es la dueña y el frío su inseparable compañero. Razón que conquista al ojo y cubre con la sábana del dilema a la capacidad de nombrar. Bautizar de “cuadro” a la obra significaría quitarle vuelo y reducirla a un simple adorno, a un insípido elemento cuya razón de existir se basa y se limita a rellenar una pared vacía. En cambio, al bautizarla como “ventana”, uno le puede dar un ilimitado repertorio de adjetivos e interpretaciones. Catalogándola como un portal a otro lugar en el que todo es como uno quiere, en el que la voluntad propia es ley fundamental.


La Ventana la pintó mi querida bisabuela, con sus setenta y pico sobre la espalda...